Ventajas de estudiar un año escolar en el extranjero

Aunque asusta a muchos padres, un curso académico en otro país aporta un sinfín de ventajas al niño. Dominio a nivel bilingüe de una segunda lengua, una mayor madurez, una mayor tolerancia, y la posibilidad de beneficiarse de un sistema educativo distinto.

Estudiar en el extranjero

La idea de mandar a un menor de edad al extranjero es algo que aterroriza a muchos padres. Junto a la nostalgia y al miedo propio de pasar un año sin lo que más quieren, se mezcla el temor hacia el posible desamparo del niño. Que no se adapte, que lo pase mal, que tenga un problema y no poder estar allí para resolverlo… Pero más que desventajas, lo que aporta un año escolar en el extranjero es un sinfín de beneficios indispensables para su futuro. Ventajas que ya se notarán a su regreso, y que cobrarán forma con el paso de los años.

Es por eso que en este artículo nos desmarcamos de nuestra línea habitual. Hoy hablamos sobre las ventajas de mandar a un niño o adolescente durante un año al extranjero. A través de una familia de acogida o en un internado, y siguiendo la misma rutina que cualquier otro joven de su edad. Colegio, amigos, excursiones… Solo que en otro país.

Lo que para nosotros es extraño, en el extranjero no lo es tanto. Nuestra media de alumnos en edad escolar en el extranjero, unos 25.000 al año, está muy por debajo de la de otros países. Sin ir más lejos, en cualquier serie americana hemos visto reflejada la figura del estudiante de intercambio. Recordemos por ejemplo a Utter, el chico alemán de Los Simpsons.

Pero vayamos al grano. ¿Qué beneficios aporta un curso escolar en el extranjero? Para empezar, la posibilidad de hablar de forma bilingüe un idioma distinto al propio. Durante la infancia y la juventud la mente está más abierta a nuevos conocimientos, y es entonces cuando la inversión vale realmente la pena. Tras una estancia en Estados Unidos, en Alemania o en Francia el joven volverá dominando el inglés, el alemán o el francés.

Otro factor en cuenta es la madurez. El niño se verá en un entorno distinto, lejos de su familia, lo que le obligará a tomar decisiones y le permitirá desarrollar su pensamiento propio. Sin influencias ni ayuda, definirá su personalidad, ganará confianza en sí mismo y se volverá una persona más resolutiva.

Un tercer beneficio a tener en cuenta es la tolerancia. Un país nuevo es una cultura nueva a sus ojos. Otra forma de vivir, otra alimentación, otra rutina. Lo mismo que ha hecho en su país pero vivido de un modo distinto. La experiencia abrirá su mente al mundo, y cambiará su percepción sobre lo que sucede más allá las fronteras de su hogar. Y lo más importante: despertará su curiosidad por conocer más. Y en un mundo global, el gusto y la disposición a la movilidad es de vital importancia.

Para acabar, hay un cuarto beneficio. Ahora que nuestro sistema educativo no pasa por su mejor momento, un año en el extranjero le permite sumergirse en uno de distinto. Una forma distinta de educar abre la puerta a nuevos estímulos, a nuevas inquietudes y a descubrir gustos y aptitudes que quizás nunca hubiera explorado en su tierra natal.

Si sumamos todos los factores, el resultado es una puerta gigantesca que se abre. El cascarón del huevo que se rompe en el momento preciso. Suficiente pronto para disfrutarlo sin las preocupaciones de buscar trabajo o llegar a fin de mes, y sin ser demasiado tarde para que la mente esté receptiva a cualquier efecto positivo que pueda recibir.

Todo esto está muy bien, pensaréis. Pero en tiempos de crisis, pensar en el precio echa para atrás. Un buen consejo es sumar el gasto en clases particulares y academias que supone el aprendizaje completo de un idioma en nuestro país. La diferencia puede que salga a cuenta.

Aunque a no todo el mundo le entusiasma la idea, las ventajas de esta experiencia son suficientes para, como mínimo, informarse y tenerla en cuenta.

Foto: Univers beeldbank.

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