La perla de la Costa Brava se llama Cadaqués

La Costa Brava es uno de los valores más preciados del litoral mediterráneo. Incluso ganó un concurso de la televisión catalana, TV3, en el que los espectadores votaban su paisaje favorito de Cataluña. Abrupto y plagado de vegetación, es un rincón donde la naturaleza convive en ocasiones con una excesiva explotación urbanística. Y es que el turismo ha sido en las últimas décadas una de las principales fuentes de ingresos, si no la principal, de la zona.

Hoy en día en la Costa Brava encontramos de todo. Desde pueblos que han perdido totalmente su esencia y se han convertido en una suerte de parque temático, hasta algunos pocos que consiguen mantener su espíritu, y así será hasta el fin de los días. El ejemplo paradigmático de este segundo caso es Cadaqués. Un pequeño pueblo de pescadores, blanco impoluto, que se alza en la costa del Parque Natural del Cap de Creus.

Aislado de su entorno durante siglos, aún hoy el acceso a Cadaqués es bastante complicado. Quizás por eso, y por encontrarse en un entorno protegido, no ha sido víctima de la masificación que han sufrido otras localidades de la Costa Brava. Con apenas 3.000 habitantes, es uno de esos rincones idílicos de anuncio. Casitas que no pasan de los dos pisos, irregulares callejuelas de piedras, ventanales azules… Y en definitiva, nada que recuerde a un núcleo urbano al uso, con coches y modernos edificios.

El encanto de Cadaqués y de su paisaje ha enamorado a algunos de los grandes personajes de la historia contemporánea. El ejemplo más paradigmático es Salvador Dalí. Nativo de la cercana localidad de Figueres, residió durante años junto a su esposa Gala en una bonita casa en el pequeño núcleo de población de Portlligat. El que fue su hogar es hoy un museo dedicado al pintor, muy recomendable para cualquiera que visite la zona. Otros artistas, como Matisse, Miró o Picasso, también quedaron encandilados por la belleza de Cadaqués.

Como ya habíamos avanzado al principio, llegar hasta Cadaqués no es tarea fácil. El modo más práctico de hacerlo es en coche, a través de una carretera de curvas que parte de la localidad de Roses, tras habernos desviado antes desde Figueres. Quienes no dispongan de este medio de transporte lo tienen algo más complicado. Avión hasta Girona, autobús hasta la ciudad, y autobús hasta Cadaqués de lunes a viernes. Los fines de semana hay que coger el tren hasta Figueres, y allí tomar el autobús hasta Cadaqués. Toda una odisea con un final feliz, muy feliz, que aseguramos que vale mucho la pena.

Foto: Jos Dielis

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