Colonia Güell I, reflejo modernista del pasado industrial catalán

Construida por Eusebi Güell a finales del siglo XIX, esta colonia de las cercanías de Barcelona aplicaba muchas mejoras en la vida de los trabajadores industriales. Y ello también se reflejaba en una cuidada arquitectura y diseño.

Este es el primero de una serie de dos artículos dedicados a la Colonia Güell, una joya desconocida de las afueras de Barcelona. Su mayor atractivo es la cripta diseñada por Antoni Gaudí, y que sirvió de laboratorio de pruebas para muchos de los elementos de la Sagrada Familia. Pero tras este reclamo se esconde una colonia industrial de estética modernista y avanzada a su tiempo. Antes de centrarnos en su aliciente más popular, vale la pena descubrirla.

Hoy la Colonia Güell es un barrio anexado a Santa Coloma de Cervelló, y al que se accede en apenas 20 minutos en Ferrocarriles de la Generalitat desde la Plaza de Espanya barcelonesa. En sus calles se respira el aire de un pueblo independiente con envidiable calidad de vida. Un lugar en el que pasar una tarde tranquila paseando y dejándote sorprender por el legado arquitectónico e histórico.

Sin embargo, hace un siglo en la Colonia Güell vivían trabajadores con jornadas de 12 horas diarias. Niños que podían estar escolarizados hasta los 14 años, pero que a menudo debían abandonar el colegio mucho antes para traer dinero extra a casa. Sueldos míseros que apenas daban para llegar a fin de mes, condiciones de trabajo que podían costarle a uno la vida.

En definitiva, la Colonia Guell era otra de tantas colonias industriales de la flamante Cataluña textil. Entonces, ¿por qué es tan bonita? ¿Qué es lo que la hace diferente?

La Colonia Güell, como otras colonias, nació como un modo fácil de tener a los trabajadores controlados y tranquilos. Cada empleado recibía, además de su sueldo, una casa, escolarización para sus hijos, y servicios adicionales como atención médica o farmacia. Perder el trabajo era perderlo todo, así que rechistar era jugársela en exceso.

Pero a diferencia de otras colonias, en los orígenes de la Colonia Güell está estampado el miedo del señor Eusebi Güell a las revueltas que ya había sufrido en su fábrica del barrio de Sants, en Barcelona, y que eran frecuentes en la ciudad condal. Como buen empresario, Güell quería producir a bajo coste y con el mínimo de dolores de cabeza. Y este pequeño enclave del Baix Llobregat se convirtió en el lugar idóneo.

Construyó así un espacio en el que los obreros vivían en casas, y no en homogéneos bloques de pisos. A mayor casa, mayor cargo, aunque la vivienda estándar ya rondaba por aquel entonces los 80 m2. Con patio o jardín para garantizar la entrada de luz. Con letrina propia para reducir el riesgo de enfermedades. Nada de esto podía encontrarse en otras colonias catalanas.

En la Colonia Güell las calles son anchas, pensadas para que la luz solar penetre en todo su esplendor. La formación impartida en sus escuelas estaba pensada para crear trabajadores cualificados, y no en impartir lo justo para sacar del analfabetismo al empleado raso. En consecuencia, su maestro vivía en una casa de las más bellas de la colonia, como se comprueba en la foto que acompaña este artículo.

Todas estas mejoras se ven reflejadas en la arquitectura de muchas construcciones. A cargo de los arquitectos Francesc Berenguer y Joan Rubió, imperaba la obra vista y el ladrillo. Era lo más económico. Sin embargo, su diseño destaca por la composición de formas originales,la acentuación de voladizos y tribunas, y el uso de hierro forjado.

No hay mejor modo de empaparse de todo ello que un paseo por la Colonia Güell, aún habitada por los descendientes de aquellos sufridos trabajadores. Así que no entraremos en más detalles, pero os dejamos con la garantía de un próximo post sobre el elemento más alabado de la colonia: la cripta de Antoni Gaudí.

Foto: Ferran Pestaña.

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