Alegría y felicidad en los parques de Disney, algo que no cambia

Pasan las décadas pero la alegría y felicidad que transmite una visita a los parques temáticos de Disney sigue siendo la misma.

Disney

Si sois lectores habituales de DondeViajar sabréis que nos gusta viajar para pasarlo bien y que los parques temáticos son uno de nuestros temas favoritos. Principalmente porque nos permiten disfrutar de un 2×1 cuando viajamos al extranjero. Primero hacemos turismo por el país y descubrimos una cultura nueva y luego vamos a un parque temático que desconocemos y que es como si viajáramos a otro mundo distinto. Por eso decimos que disfrutamos de experiencias 2×1 (y en ocasiones hasta de 3×1, pero tampoco conviene abusar de este tipo de parques temáticos).

Dicho esto, también es verdad que hablamos mucho de los parques temáticos de Disney, no porque estemos afiliados a la empresa del ratón más poderoso del mundo, sino porque es la clara referencia. Y cuando hemos visto un reportaje fotográfico de Huffington Post que evoca tiempos pasados de Disney, hemos creído conveniente hacer una reflexión y luego enlazar a la fuente para que podáis ver esas fantásticas fotos que nos han dejado embelesados.

La reflexión se estructura alrededor de una idea que tenemos muy clara: la alegría y la felicidad siempre están presentes en los parques de Disney. Es algo que no cambia por mucho que el mundo gire, gire y dé mil vueltas quedándose en posiciones que en ocasiones resulta difícil entender.

El día 17 de julio de 1955 se inauguraba Disneyland en California. Lo hacía con el mismísimo Walt Disney sonriendo, feliz, contento, alegre por ver que uno de sus grandes sueños se había hecho realidad. Quería compartir su felicidad, la magia de las películas de animación, con millones de niños, y crear al mismo tiempo un santuario de la alegría, un lugar en el cual nadie pudiera estar triste ni ser infeliz. El recuerdo de la Segunda Guerra Mundial, en aquel entonces, era muy reciente, por lo que una inauguración de estas características era aún más importante para el país.

La década de los 50, la de los 60, los 70, los 80, los 90… el año 2000, las décadas fueron pasando y a nuestro alrededor veíamos cómo se llegaban a ocasionar todo tipo de conflictos. El mundo seguía en guerra, aunque en una guerra diferente. Los conflictos bélicos armados no han cesado, pero se han aislado en determinadas localizaciones. Las catástrofes naturales han seguido azotando al mundo, los delincuentes han seguido ocasionando tragedias con todo tipo de acciones que han acabado con la vida de personas inocentes. Se han producido cambios en la política, descubrimientos médicos, infecciones, virus y mil otros factores que demuestran que nuestro mundo, por mucho que lo amemos con locura, tiene defectos y no es ni mucho menos perfecto. Aunque eso ha pasado, en Disneyland todo se ha mantenido igual, con un enfoque que garantiza al visitante que cuando cruce sus puertas disfrutará de una experiencia en la que podrá olvidarlo todo y limitarse a redescubrir la felicidad.

Foto de Disney

No es nada fácil que esto ocurra y lo que personalmente más lamento de la existencia de un lugar como este es que no esté al alcance de todas las personas. Niños y mayores por igual, sin importar edad, raza, clase o cualquier otro aspecto de sus vidas, deberían poder disfrutar de un lugar mágico como Disneyland, de un sitio que puede inspirar, abrir corazones y solucionar conflictos. Recordamos esa escena de Annie, cuando la protagonista se lleva a todas sus amigas huérfanas a disfrutar de una gran noche alejada de su vida habitual, y nos lo imaginamos para todos esos niños que no pueden disfrutar de una vida con este tipo de alegrías. Pensamos en Disneyland y en cómo podría llenar sus corazones y hacerles olvidar a estos niños sus problemas durante unas horas en las que se podrían limitar a hacer realidad esos sueños que tienen por las noches.

Vemos esas fotos de las que os hablábamos de Walt Disney sonriendo y no visualizamos a ese hombre de avanzada edad que está camino de cumplir su sueño, sino a un niño que consigue disfrutar de una felicidad enorme al margen de los muchos problemas que seguro que este genio tenía en su cabeza. Vemos a los niños corriendo mientras salen del castillo de la Bella Durmiente y miramos esas caras de felicidad e ilusión que proporcionan los parques temáticos. Y damos gracias porque por mucho que ocurra en el mundo, por difíciles que se pongan las cosas, siempre nos queda el consuelo de poder reconectar con nuestro niño interior al visitar uno de estos lugares.

Ya sea Disneyland, Universal, Warner o cualquier otro parque temático de los muchos que se pueden encontrar a lo largo y ancho del mundo. No olvidemos su cometido, ese objetivo que tienen y del cual a veces nos olvidamos pensando en si la entrada es demasiado cara, en si hará mucho sol o si habrá muchas colas en las atracciones. Pensemos en su papel y en lo necesarios que resultan estos lugares. Y gocemos, porque mucho después de que nosotros nos vayamos, tal y como ha ocurrido con Walt Disney, la alegría y la felicidad que transmiten los parques temáticos perdurará.

Vía: The Huffington Post

Foto: skeezealiwigle

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