La nueva vida del cine Palafox como salas de lujo con restaurante

Los clásicos cines Palafox vuelven a la vida con una nueva filosofía de la mano de la cadena Yelmo, que pretende revitalizar el centro.

La nueva vida del cine Palafox como salas de lujo con restaurante

Hace unos años se despedía el icónico cine Palafox situado en el centro de Madrid, en el área de Bilbao y Fuencarral, que en el pasado llegara a ser una de las mayores zonas de la ciudad en términos de salas de cine. En tiempos pasados, cuando las películas se veían en el cine de barrio y no había centros comerciales enormes, la sala de cine era uno de los lugares más transitados no solo durante el fin de semana, sino también cualquier día y a cualquier hora. Eran otros tiempos, dado que el acceso al contenido tampoco era tan sencillo como ahora.

En la era dorada del cine en España, o en Madrid para ser más específicos como hablamos ahora, teníamos televisión en casa, cada vez con más canales, pero limitada. Los estrenos de Canal+ se devoraban con ansia y aún era habitual alquilar películas en los videoclubs. Se alquilaba porque comprar VHS no era precisamente económico. Más adelante llegó el DVD (en nuestro país nos soltamos el VCD, que tuvo mucha aceptación en China, por ejemplo) y la adquisición de cine doméstico se aceleró debido a los buenos precios. Los videoclubs desaparecían al ritmo que la piratería de DVDs se asentaba. Y para luchar contra la piratería se ajustaron los precios. Las colecciones que podías tener de DVDs eran enormes. Mientras tanto, el cine empezaba a notar la crisis.

Luego llegó la tecnología 3D para las salas, que desde lejos se veía como los molinos de Don Quijote: como gigantes. Se extendió el pánico y las salas empezaron a cerrar porque no tenían presupuesto para adoptar esa tecnología. Y las que se endeudaron para introducirla, acabaron arrepintiéndose. Hoy día el cine 3D es una mala anécdota.

En ese momento muchos cines de barrio echaron la persiana. En la zona donde estaba el Palafox original cerraron salas tan clásicas como los cines Bilbao. Y con el tiempo fueron cerrando otras muchas más. Las que aguantaban en Fuencarral el éxito de Cinesa, que había reconvertido los clásicos Proyecciones para tener presencia en el centro, lo hacían porque atacaban nichos. Por ejemplo, los Roxy siempre contaron con una programación dividida entre sus salas, una dedicada a grandes estrenos y otra a cine más profundo, al igual que ha hecho siempre el cine Paz a su lado. Los Roxy también cerraron y los Paz se quedaron, logrando sobrevivir gracias a la ausencia de competencia en su nicho. Por su lado, los Palafox también atacaron nichos, como el de la versión original, y se mantuvo como uno de los cines donde más pases de prensa se organizaban para los periodistas, lo que también ayudaba a mantener vivo el negocio. Pero llegó un momento en que había que cambiar de rumbo.

Lo que ocurrió es que los Palafox se vendieron a Yelmo, la gran rival de Cinesa en las grandes superficies. Y esto, por un lado, hizo temblar a la propia Cinesa, que había visto cómo sus Proyecciones, uno de los cines más antiguos de todo Madrid, se venían quedando anticuados en muchos aspectos. Para revitalizar las instalaciones reconfiguró toda la entrada y la hizo más actual y moderna. No obstante, posiblemente al final no tengan los problemas que esperaban, dado que su gran rival también ha decidido pasarse al nicho para mantener vivos los Palafox. Y lo que ha hecho ha sido llevar al centro de la ciudad, a una zona muy de tapas, de salir de noche y de cultura, la filosofía de restauración que ya se ha visto en otros cines y sobre todo en otros países. Así es como los Palafox se transforman en un cine de lujo.

Si alguien nos dice hace unos años que el cine Palafox se convertiría en una sala de lujo, seguramente hubiéramos fruncido el ceño. No era lo que podíamos imaginar. En nuestro caso concreto, acostumbrados a ir al cine en calidad de prensa para asistir a proyecciones, con butacas no precisamente cómodas y unas salas que claramente pedían a gritos una renovación, la idea del modelo de lujo ahora nos choca. Y nos demuestra que con esfuerzo se pueden conseguir maravillas. Otra cosa, y aquí ya se abre el debate, es lo que nos parezca el cambio de concepto. Pero para Yelmo está muy claro que ahora mismo es una tendencia que ayudará a que el cine sobreviva y que permitirá mantener el mercado de las salas de cine en activo.

La vuelta del Palafox se lleva a cabo según sus responsables, como el único cine de lujo que hay en el centro de Madrid, y dispone de siete salas en las que se limitan las butacas al máximo, dado que la cifra no supera los 50 asientos. El motivo de ello es que las butacas son más espaciosas y disponen de un soporte a modo de mesa en el cual es posible colocar los platos con la comida que hayamos encargado. En las butacas también hay un botón que sirve para llamar a los camareros, que ocupan ahora el lugar de los acomodadores del pasado, aquellos que nos llevaban a las butacas linterna en mano para que no nos tropezásemos y encontrásemos nuestro sitio. La comida se sirve durante los primeros 15 minutos de película, a fin de no molestar a ninguno de los espectadores mientras está disfrutando del grueso del film.

Palafox Yelmo

La oferta culinaria es variada. Podemos comer desde sándwiches hasta hamburguesas, sushi, ibéricos, crepes y muchos otros platos. Cuando el servicio en butaca ha terminado, los espectadores tienen la oportunidad de salir de la sala para recurrir al bar o a las máquinas expendedoras, desde donde se pueden comprar otros productos. Este tipo de filosofía cambia las normas del juego en cuanto a cine y aporta una nueva vuelta de tuerca a la experiencia de ir a la sala a ver una película. Por ejemplo, desde el cine se plantea la posibilidad, aprovechando las sesiones al mediodía fuera de los horarios habituales, de ir a comer mientras vemos una película en el descanso que tenemos del trabajo en la oficina. Al terminar la película habremos comido y visto una buena historia en el mismo tiempo de descanso que antes solo habríamos utilizado para comer en un bar o un restaurante. Por ello Yelmo se mete de lleno a competir con los restaurantes y a dar una alternativa a los cines de toda la vida.

Y aunque está claro que ver cine así no es tanto ver cine como se ha planteado siempre, lo cierto es que cuando vemos películas en casa también lo hacemos bajo otro contexto, por ejemplo cenando, por lo que la idea no resulta en realidad tan transgresora y ofensiva. Es una alternativa para disfrutar de una película de una manera diferente, también siendo conscientes del ruido que podemos tener a nuestro alrededor por la presencia de otras personas comiendo. Pero posiblemente las películas que elijamos ver mientras comemos no serán tan profundas como las que pone el cine Paz, sino que estarán más en la línea de las superproducciones norteamericanas y de palomitas. Ya se sabe, películas en las que quizá si no prestamos atención durante 5 minutos no vaya a cambiar nada de nada. Como decíamos, es simplemente otra forma de ir al cine.

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