Formentera, un paraíso en el Mediterráneo

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“Una isla mágica”. Con estas palabras describía el actor Tristán Ulloa la isla de Formentera después de acabar el rodaje de Lucía y el sexo. El film de Julio Medem sirvió para descubrir a muchos el paisaje singular de la isla, hasta entonces ensombrecida por la fama de Mallorca, Menoría y la popular Ibiza.

A lo largo de la historia el nombre de Formentera ha ido cambiando. Cuando los griegos habitaban el lugar la llamaban la isla de la serpientes, más tarde los romanos la denominarían la tierra del trigo y hoy en día podría ser conocida como el lugar de los faros y los molinos. Para los visitantes, los molinos harineros son un atractivo: dos se encuentran en la capital, Sant Francesc Xavier; dos en La Mola; otro en Sant Ferra, y en Es Cap de Barbaria sólo se pueden visitar los cimientos de un antiguo molino.


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Los faros son otro de los encantos de Formentera. En la actualidad existen tres, el más impresionante de ellos en el Cap de Barbaria. Éste destaca por su entorno: unos acantilados y escollos impresionantes a los ojos de cualquiera.

Sin duda, la mayoría de aquellos que cogen el barco en el puerto de Ibiza para llegar a Formentera –esta isla no tiene aeropuerto- lo hacen para disfrutar de playas y de calas tranquilas. Se ha acuñado incluso el término “caletear”, para expresar la idea de ir de cala en cala o de playa en playa. El punto norte de la isla acoge las Illetes, la más visitadas y concurridas por los turistas, aunque no por ello dejarían de ser recomendables. Cala Sahona, una de las más tranquilas, ofrece vistas inolvidables de la isla vecina.

Y un consejo a seguir: la bicicleta y la moto, tal y como nos descubre Medem en su película, son las mejores aliadas para recorrer Formentera.

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