Cenar en el cine, una realidad gracias a Yelmo

Un nuevo servicio de Yelmo permite ver una película mientras cenamos, algo que llega a España después de triunfar en otros países.

Yelmo Cines Luxury

¿Alguien se ha imaginado cómo puede ser la experiencia de cenar en el cine? Desde hace unos años hay algunas salas que en su bar nos invitan a comprar perritos calientes, trozos de pizza y nachos con queso. Meterlo todo en la sala para comerlo mientras vemos la película es un poco… bueno, digamos que para quienes están al lado no es lo más agradable del mundo. No por el ruido (aunque con los nachos…), sino por los olores que se pueden llegar a mezclar. Aún así, esto no ha impedido que Yelmo Cines introduzca en España una idea que ya ha pegado fuerte en otros países: el cine de lujo.

Quede constancia que os contamos esto de manera informativa y que en realidad no hemos probado la experiencia (posiblemente no lo vamos a hacer salvo que nos inviten, tampoco os vamos a engañar). Por ello, esto no es un post patrocinado ni nada por el estilo, sobre todo porque la opinión tampoco es del todo positiva para la idea (que no somos unos carcamales, pero hay ciertas ideas que nos cuesta llegar a entender).

Pero vamos a contaros, primero, lo que representa la idea de Yelmo Cines Luxury. Como decíamos, se trata del cine de lujo con cena incluida y un servicio muy distinto al habitual. Las salas tienen menos butacas, pero el tamaño de las mismas es enorme y la distancia entre ellas más que aceptable para el tipo de visionado del que vamos a disfrutar.

Las butacas leemos que son reclinables para que nos pongamos muy cómodos. Suponemos que la idea es tumbarnos después de comer en ese momento claro en el que te entra la soñera, así que es posible que la elección de la película sea de lo menos. La comodidad de las butacas dicen que es de otro nivel y que la calidad del sonido y de la imagen están por encima de lo que hemos podido disfrutar en otras salas de la cadena.

La cena nos la sirve un camarero que por lo que vemos en las fotos de la web es del todo servicial y no tiene ningún problema en que sus clientes le ignoren mientras ven la película. Por supuesto, la película no se puede pausar, así que el tiempo de entrega del pedido o cuando un cliente le está haciendo un pedido al camarero serán minutos de no poder disfrutar la película. Porque aunque podemos pedir la comida desde la aplicación o en el lobby del cine, también tenemos un botón en la butaca con el cual llamaremos al camarero.

comida en el cine

Y ahí es donde nos imaginamos la situación: “¿Qué tiene en plan bocatas?” y el camarero se pone a leer la carta y a recomendar el bocadillo de pechuga de pollo, que es muy hipster porque resulta ligero al estar presentado con una lechuga finlandesa recién sacada de la huerta. “¿Me lo puede traer sin pimientos?, no me gustan demasiado, y si me lo cambian por tomate, fantástico”. Las conversaciones con el camarero pueden llegar a ser extremadamente sofocantes. Imaginemos que tres o cuatro clientes llaman al camarero y que hay tantas peticiones que el tiempo de espera aumenta. Los comentarios pueden ser de locura: “oiga, he llamado hace 10 minutos y la película está acabando, para cuando llegue ya no me como mi bocadillo”.

¿Pero esto no era un cine? Y los comentarios a la salida del cine cuando asistimos en pareja pueden ser totalmente más locos. Salimos de la sala y nos limpiamos las migas del pan que nos hemos comido con un plato de ibéricos de primera calidad (que no sabemos si eso de comer lomo y jamón puede ser muy seguro mientras nos reímos, más de uno se habrá atragantado). Y en ese momento le decimos a nuestra pareja “Oye cariño, ¿qué tal te han parecido los pimientos del bocata?”. Justo ahí, cuando comenzamos a conversar sobre si el pollo estaba frío o si las patatas fritas tenían demasiada sal, es cuando hemos enterrado absolutamente la finalidad del cine. Y cuando pasan 24 horas y ni siquiera hemos hablado de la película que hemos visto, le colocamos el cartelito de “cine, descanse en paz”, porque esta fantástica actividad queda en el olvido.

Pero como os decíamos antes, nosotros no lo hemos probado y quizá todo esto sea parte de una experiencia fantástica que implique cenar de una manera distinta. No sabemos cuánto cuesta. No tenemos ni idea del precio de los bocatas y del jamón, pero seguro que salimos de la sala de lujo con bastante dinero menos que con el que entramos. Es posible que no sea cine y que tampoco sea cena, sino un híbrido para sentirnos más cool en un mundo en el cual las empresas que se dedican al séptimo arte prueban cualquier cosa para aumentar la recaudación. La venta de palomitas ya no debe ser tan rentable. Qué lástima.

Vía: Yelmo Cines Luxury

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