Viajar con animales

Son bonitos y nos hacen compañía. Les hacemos mucho caso al principio, luego, como con todas las cosas que te acostumbras a tener a tu lado, pierden cierto interés. Pero seguimos queriéndolas. Hablo de nuestras mascotas. En toda familia hay una mascota, si no la hay, la ha habido. Si no la ha habido, entonces la habrá. Un perro, un gato, un acuario lleno de peces, una tortuga, un pájarillo en una jaula, un roedor columpiándose o quién sabe qué animal más. Pero algunos de ellos se convierten en un verdadero contratiempo a la hora de viajar. Porque viajar con animales es toda una comedura de cabeza. ¿Nos los llevamos con nosotros o los abandonamos en el hogar? Cuando se trata de pájaros, basta con dejarle provisiones suficientes en la jaula. Lo mismo pasa con los hámster y los peces, ¿pero qué hay de los perros y los gatos?

Perro

El perro es una de las mascotas más problemáticas a la hora de viajar.

Podemos arriesgarnos a dejarlos en casa con suficiente comida y agua, pero nos arriesgamos a que nos desmadren la casa, se suban al sofá, arañen las puertas y hagan sus necesidades en los lugares menos deseados, de forma que al regresar de un viaje maravilloso, nuestra casa ya no sea hogar, sino la jungla de Tarzán. Eso sí, luego estará allí el perro o el gato con una aparente sonrisa en los labios dispuestos a comernos a lametazos de la alegría, aunque tú en ese momento no tengas motivo alguno para compartir ese sentimiento con él.

¿Entonces qué hacemos? La solución más fácil: endiñarle nuestra querida mascota a un familiar o incluso a un vecino de confianza. Pero ya se sabe lo que pasa muchas veces, que cuidar de un perro o un gato son demasiadas responsabilidades y poca gente se sentirá lo suficientemente interesada como para aceptar tus súplicas. A veces lo harán, ¿pero qué pasa si tampoco esta es la solución al problema? Siempre quedan las perreras y todos estos sitios que acogen a animales. Si estás dispuesto a dejarte el sueldo en lo que parece «un hotel de 5 estrellas para perros» por los precios que te clavan puede que sea esta otra opción viable. Claro que luego siempre te acechan las dudas de, ¿qué le pasará a mi perro ahí dentro durante una semana? ¿Lo tratarán bien? Total, que entre pitos y flautas, al final te ves en un aprieto y acabas decidiéndote. Miras a tu mascota y le dices seriamente: «Boby… te vienes de viaje». Sea Boby o llamémosle X, pero el caso es que acaban disfrutando con nosotros de unas buenas vacaciones.

Si el viaje lo realizamos en coche no hay problema. Siempre y cuando no seamos una familia numerosa, en cuyo caso el perro raramente podrá ocupar una plaza más y ya se sabe lo que pasa: ahora la ley prohíbe que vayan sueltos en el coche o en el asiento delantero, así que tienen que ir bien amarrados con su cinturón de seguridad si cabe. Que no cabemos en coche, probamos suerte con el tren. ¡Ojo! Que no todo es tan fácil. Si decides trasladarte con tu mascota en tren dentro de España, hay que tener en cuenta que RENFE solo acepta animales domésticos (perros, gatos, aves…) que no superen los 6 kg dentro de una jaula que no supere las dimensiones de 60 x 35 x 35 cm y que cuenten con guía sanitaria o cartilla de vacunación al día. Además solo se permite un animal por pasajero y únicamente se hará efectivo su traslado si el resto de pasajeros con los que comparte vagón no se oponen. «Pero si solo es un cachorrito…»; pensarás. Y ahí siempre sale el típico quisquilloso que te amarga el día. En caso de que haya quejas generales, el conductor te ofrecerá amablemente tomar otro tren o como mucho la devolución del billete. Y bueno, si todo sale bien, solo decir que la mascota paga su presencia. ¿Cuánto? Pues siempre el 50% del valor del billete de la tarifa general del tren correspondiente con la clase en que realice el viaje su dueño.

Transportín

Un gato en un transportín de mano.

Que no nos gusta el tren, tomamos el barco. Unos cuantos contratiempos más, pero nada imposible de superar. Si eres pasajero de a pie olvídate ya, porque no se les permite llevar a mascotas. Si embarcas con tu coche, entonces sí: el perro se queda dentro del vehículo durante el viaje y asunto solucionado. Luego hay que cumplir estos requisitos: que la mascota tenga el certificado válido del DEFRA (emitido por un veterinario donde se certifica que el animal está vacunado, con microchip y demás aspectos), que haya sido desparasitada como mucho dos días antes de la salida del barco y que cuente con un pasaporte en regla. Si está todo en orden, la mascota se quedará en el coche, en el garaje del barco y podrá ser visitada por su dueño siempre acompañado por un miembro de la tripulación y siempre que las condiciones climatológicas lo permitan. El precio ronda los 30 euros aproximadamente, según el destino. Para reservar el pasaje no se puede hacer por Internet, en todo caso por vía telefónica.

Y si el barco nos marea siempre nos quedará el avión. La mayoría de los dueños se ponen muy ansiosos frente a un viaje en avión, temen por la salud del animal y el estrés provocado por el vuelo, pero a veces no hay más remedio que hacerlo si queremos disfrutar de unas vacaciones. Aquí también existen requisitos, por supuesto. Para empezar, la edad mínima del animal es de 8 semanas de vida, si no no se puede trasladar. Dependiendo de las regulaciones existentes, podremos viajar con el animal en la propia cabina o tendremos que despacharlo en la bodega. En cuanto a la tarifa que pagará, será despachado como equipaje de mano y se facturará como exceso de equipaje sumando el peso del animal y el peso de la jaula. Durante el viaje, la mascota no puede salir de su jaula o recipiente y se ubica debajo del asiento del pasajero. Eso sí, hay que tener en cuenta antes de partir que las jaulas sean las reglamentarias (con peso y tamaño requerido según la compañía aérea), que tenga las proporciones correctas, que el cierre sea adecuado, que el suelo del recipiente tenga capacidad de absorción para la orina y las defecaciones, que cuente con una correcta ventilación y que vaya perfectamente identificada por casos de extravío. Para vuelos internacionales, se requiere así mismo que la mascota lleve chip electrónico y cuente con pasaporte. Para vuelos nacionales es un poco más fácil.

Bueno, ya hemos viajado con nuestra mascota. Hemos llegado a nuestro punto de destino. ¿Y ahora qué? Pues previamente tendrás que haber mirado hoteles que admitan perros y este tipo de cosas, o mal lo tienes. Por suerte, cada día aumenta el número de alojamientos que admiten perros y otros animales de compañía, generalmente casas rurales, pero también hoteles en las grandes ciudades. Desde luego viajar con mascotas es más caro, más engorroso y más pesado. Las vacaciones no se disfrutan igual. ¿Qué opinas tú? ¿Dejamos al perro en casa? Tal vez encontrarnos la casa hecha una jungla al regresar, compense evitarnos todo este trastorno del viaje en compañía animal.

Fuente: euroresidentes.com

Foto: cotallo nonocot

Foto 2: Utente

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