¿Trabajas o vas de vacaciones?

Cada vez tenemos más costumbre de trabajar incluso cuando nos marchamos de vacaciones, una práctica muy poco recomendable.

El sol en verano

El mes de agosto ha dado inicio y es ese momento del año en el que incluso los más trabajadores se plantean descansar unos días y desconectar de todo. Al menos lo intentan. Las vacaciones están muy enfrentadas al trabajo y es algo que se está viendo cada vez más con el paso de los años. Esto nos lleva a disfrutar mucho menos de nuestras experiencias lejos de casa.

Años atrás el principal peligro lo contemplaban los mensajes de texto y las llamadas inesperadas al móvil. Quizá tu jefe te necesitara para algo y te llamaba mientras estabas tumbado en la piscina. Por suerte, el teletrabajo estaba a años luz de lo que es en la actualidad. Como mucho te tocaba irte a un cibercafé para trabajar desde allí, en plan guerrilla. Con el paso de los años todo ha ido a peor. El tener un smartphone en el bolsillo es como si tuviéramos un ordenador.

Y si tenemos un ordenador con nosotros, eso implica que nuestro jefe puede pedirnos lo que quiera cuando quiera, porque sabe que lo podremos hacer. Al final esto nos afecta en su totalidad en el periodo de vacaciones y estropea cualquier tipo de buena sensación que queramos alcanzar en compañía de nuestra familia.

Las vacaciones conectados al trabajo deben desaparecer si no queremos desperdiciar viajes y viajes en compañía de nuestros seres queridos. A nadie le gusta ver cómo su mujer, su marido o sus padres están pendientes todo el día del teléfono y que se pasan incluso horas en el hotel trabajando. No es lógico comenzando por el mero factor de que estamos pagando un alojamiento y unos gastos vacacionales para seguir trabajando. Es recomendable romper con esta costumbre en su totalidad y evitar que el trabajo nos consuma incluso cuando estamos lejos de la oficina.

Hay personas que apuestan por la desconexión completa, el abandonar el teléfono móvil en la ciudad de origen y marcharse en solitario sin el móvil. Para lo que pueda ocurrir o para asuntos de familia, siempre queda el teléfono del cónyuge, al cual se dirigirán todas las llamadas que estén relacionadas con temas personales. Pero de esta forma lograremos, de una vez por todas, que el trabajo no se inmiscuya de nuevo en nuestro periodo de descanso. Solo así nos sentiremos que de verdad estamos aprovechando las vacaciones y que no nos limitamos a ser otro trabajador más incluso cuando intentamos disimular con la toalla sobre el brazo.

Foto: Tony Hisgett

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