El histórico restaurante español Zalacaín cierra sus puertas

Zalacaín, el primer restaurante español que logró tres estrellas Michelin, ha cerrado sus puertas como consecuencia de la crisis de la COVID-19.

Es posible que no te suene el restaurante español Zalacaín, el cual se encontraba en Madrid hasta su reciente cierre debido a la crisis del coronavirus. O quizá te suene y no solo eso, sino que hayas comido allí en ocasiones. En ambos casos te podemos decir que era un local histórico, el primer restaurante español que se ganó las tres estrellas de Michelin, y una referencia en cuanto a tradición y etiqueta.

Ha estado abierto casi 50 años, aunque hay quien opina que después de la jubilación de Benjamin Urdiain, que se encontraba al frente de la cocina hace unos años, el restaurante no había vuelto a ser el mismo. La clásica carta, icónica y deliciosa, se mantenía intacta, pero se comenta que el sabor de los platos no era, ni de lejos, el mismo que cuando el chef original estaba al frente de la cocina. Y eso había hecho que la popularidad del restaurante fuera bajando con el paso del tiempo. Algo comprensible si tenemos en cuenta que fue Urdiain quien logró las estrellas Michelin debido a su talento y saber hacer.

La crisis de la COVID-19 no ha ayudado, sino más bien todo lo contrario: les ha puesto el último clavo en el ataúd que faltaba y que pone punto y final a una historia gloriosa. Porque aunque el equipo del restaurante ha hecho lo posible, al final ha sido inviable mantener el local abierto.

Una de las cosas que probaron en el Zalacaín fue a introducir el reparto de comida a domicilio. A la vista de que los comensales no podían acudir al local y que después tampoco había la misma demanda que antaño, el delivery se trataba de la opción lógica para salvar los muebles y que al menos el negocio pudiera continuar. El problema con el que se encontraron es que la clientela fiel y en algunos casos fija que habían tenido desde hace décadas, no se interesó demasiado por el modo de domicilio. Al fin y al cabo, las opiniones se dirigían claramente hacia una conclusión fatal: los clientes del Zalacaín visitaban el restaurante por la experiencia, por el trato, por la sensación de estar allí.

No en vano hay que pensar que en Zalacaín se mantenían vivas tradiciones clásicas que siempre gustaban a los paladares más refinados en cuanto a gestos y tradiciones. Por ejemplo, era obligatorio usar chaqueta para sentarse en una de las mesas, mientras que además estaba prohibido pagar con tarjeta de crédito, entre otras curiosidades.

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