Calçots de Valls, un festín gastronómico

Descubre todo un auténtico ritual en el que esta exquisita variedad de cebolleta tierna es sólo el principio de una completa experiencia gastronómica.

Como ya sabréis, Cataluña se encuentra inmersa en la temporada de los denominados ‘calçots’, una especie de cebolleta tierna que se cultiva cuidadosamente en la huerta catalana y que, llegado el momento, forma parte de todo un ritual gastronómico y social.

La temporada de este producto comprende los meses de invierno y se alarga hasta abril más o menos, por lo que os recomiendo a todos los que todavía no lo hayáis probado que os animéis. Aunque probablemente ya podemos pedir una ‘calçotada’ en cualquier parte de Tarragona, hay que decir que la original proviene de la zona de Valls, capital de la comarca del Alt Camp.

Oficialmente, la temporada empieza con la Fiesta de la de la Calçotada, que se celebra en esta misma localidad a finales de enero para dar la bienvenida a la temporada alta, pues los meses de febrero y marzo son con diferencia los de mayor demanda. La fiesta suele congregar a unas 40.000 visitas, mientras que, en cifras globales, la temporada logra atraer alrededor de unos 400.000 comensales hasta estas tierras procedentes de Cataluña, las comunidades vecinas y también de Francia, país que ya conoce las delicias de este manjar.

A aquéllos que no sepáis muy bien en qué consiste esta tradición gastronómica os la explicamos ahora mismo. Los calçots se asan sobre unas buenas llamas, a continuación se envuelven en papel de periódico y se sirven. Lo ideal es que se sirvan sobre una teja caliente ya que así se mantiene mejor la temperatura. Este plato no es apto para personas muy ‘delicadas’ a la hora de comer, pues aquí los mejores cubiertos son las propias manos y, además, se suele recurrir a la servilleta como ‘babero’ para evitar ensuciarse. Los pasos de este ritual son los siguientes:

  1. Retirar la parte quemada por el fuego
  2. Untar el calçot en la salsa especial denominada ‘romesco’
  3. Comer

La salsa romesco es totalmente casera y original también de esta zona. Se elabora a partir de tomates, cebollas y ñoras asadas, guindillas secas, frutos secos (almendras y avellanas tostadas), ajos, aceite de oliva, vinagre y sal.

Normalmente el menú se completa con carnes y embutidos que son asados en las mismas brasas, todo marinado con un buen vino tinto de la tierra. ¡Y es que no en vano decíamos que se trata de un auténtico festín gastronómico!

Fuentes / Sabor Mediterráneo y La Vanguardia

Foto / Antoni

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