Un paso por Barcelona bajo la estela de Josep Maria Subirachs

La ciudad condal está llena de obras de esta artista que, en vida, no recibió suficiente reconocimiento dado su amplio legado.

plaza catalunya

La ciudad condal es mundialmente reconocida por su legado modernista. Nombres como Antoni Gaudí y Domènech i Montaner atraen a centenares de turistas ávidos de contemplar sus espectaculares obras. Sin embargo, uno de los artistas que más ha contribuido con su arte a la ciudad de Barcelona, y que no ha sido suficientemente reconocido- ha sido Josep Maria Subirachs, que falleció el pasado mes de abril y cuyo legado se encuentra en muchos rincones de la ciudad, muchos más de los que podríamos llegar a imaginar.

Subirachs nació el 11 de marzo de 1927 en Barcelona y dedicó su vida a la escultura, pintura, grabación, escenografía y crítico de arte. Suyas son, entre otras muchas obras, el monumento a Francesc Macià que se encuentra en Plaza Catalunya y que realizó en el año 1991. Se trata de las escaleras invertidas que simbolizan el futuro del país y que, según él, se construye día a día, escalón a escalón. También fue creación de Subirachs el mural que se encuentra el la estación de metro de Diagonal (línea 3) y que representa la urbe: por un lado el barrio del Eixample, cortado por la Diagonal, y por otro, diversas zonas de la ciudad que no fueron construidas tan organizadamente. Data del 1969.

Si caminamos por el paseo de Joan de Borbó, nos topamos con una escultura de hierro sustentada por tres puntos que es su particular homenaje al mar: Evocación Marinera, del año 1960. Cerca del barrio en el que nació, Penitents, también quiso dejar su rastro. Así, en las Llars Mundet colocó la primera obra abstracta en la vía pública de la ciudad, Forma 212. Corría el año 1957. Suyas son también -en claboración con Antoni Cumella- las Tablas de la Ley- de la Facultat de Derecho de la Universidad de Barcelona.

Pero, sin lugar a dudas, su obra magna -y a la que le dedicó más trabajo y dedicación- fue la fachada de la Pasión del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Cuando el artista recibió el encargo, dudó mucho en si aceptarlo o no. Él alababa la labor llevada a cabo por Gaudí, pero sus estilos eran muy diferentes y no terminaba de ver demasiado claro si encajaría en aquella magnífica obra. Sin embargo, aceptó y, entre el 1987 y el 2009, se dedicó por completo a ello. Tal y como hiciera en su momento el arquitecto catalán, se instaló en una de las estancias del templo y, con la colaboración de sus ayudante Ramon Millet y Bruno Gallart, realizó una obra a la altura de las circunstancias.

Foto: Praktyczny Przewodnik

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