Tiroteados en Nueva York

Marlon Brando, sentado en su trono, indagando en la mente de su suplicante interlocutor. Él es don Vito, rey de una dinastía que perdurará en el recuerdo de los cinéfilos por los siglos de los siglos. En esa primera escena, en la que acabará espetando al tipo que ha venido a pedirle un favor aquello de «¿por qué no me respetas?», Vito Corleone se asemeja a un monarca de otro tiempo, custodiado por sus tenebrosos lugartenientes, dominando el mundo entero desde su castillo -una mansión, en realidad- de Staten Island.

Vito Corleone, en su mansión de Staten Island

Este post no es una crítica de cine, ni un homenaje al legendario actor que, con algodones en los carrillos, mutó en el mafioso más célebre de todos los tiempos. En esta entrada vamos a recorrer la ciudad que le dio un hogar. A él y a un sinfin de matones, víctimas, ladronzuelos y traficantes, policías corruptos y bandoleros urbanos. Nueva York, pero no la brillante e imponente ciudad que ansía con llegar al cielo, sino la legendaria ciudad que se alza sobre una bruma espesa, que huele a crimen y en la que los disparos retumban en cualquier callejón.

Este es un viaje por una Nueva York de cine, de la mano de quienes la escogieron como escenario para algunas de las grandes obras maestras de la gran pantalla y para retratar el lado más oscuro de la ciudad: el crimen organizado, la mafia. A propósito de este viaje, uno deberá pasar por las librerías para hacerse con una guía imprescindible: ‘El Nueva York del Padrino y otras películas de la Mafia’ (Lundwerg), elaborada por María Adell y Pau Llavador. Los autores, cuentan en una entrevista a El País, pasaron tres meses y medio perdiéndose por los lugares más recónditos de la ‘ciudad del viento’, averiguando los escenarios por donde transcurren las películas de directores que adoran, y que han pasado a la historia del cine.

No es Coppola, ni mucho menos, el único que inmortalizó Nueva York como ciudad criminal. Tampoco el primero. De hecho, su amigo Scorsesse ya lo había hecho en ‘Malas Calles’, donde dos jovencísimos Robert de Niro y Harvey Keitel se revolvían por la dureza del asfalto neoyorquino. El propio Scorsesse repetiría en la gran manzana para ubicar la historia de ‘Uno de los nuestros’. Bastante más tarde y en la vecina Nueva Jersey aparecería otro de las familias cuyo nombre queda irremediablemente unido a una ciudad, y que también aparece en la guía: Nueva Jersey es territorio de Tony Soprano desde que así lo decidió la cadena HBO.

De lo que no hay duda es que la asociación Coppola – Nueva York daría a luz la película de gánsters más celebrada de la historia del celuloide, en una ecuación tan inseparable como la de otro genio, Woody Allen, y la misma ciudad. Pero a lo que íbamos. De la mano de esta original guía, podemos llegar a los escenarios más representativos de ‘El Padrino’, por ejemplo. De hecho, el primer capítulo constituye todo un itinerario por los lugares más emblemáticos de la película. Desde la mansión de los Corleone en Staten Island (en el 110 de Longfellow Road), a la calle en que don Vito sería acribillado a balazos por los esbirros de Solozzo, en el 128 de Matt Street, también aprovechada para situar la primera empresa-tapadera del joven Vito, Genco Olive Oil.

La guía ofrece mapas con la situación exacta del lugar y la manera idónea de llegar, además de imágenes, descripciones del lugar y de la escena en la que aparecen. Material irresistible para quienes quieren no solo viajar a la ciudad de los rascacielos, sino también dar un salto a la gran pantalla. Solo si no tienen miedo de acabar tiroteados, claro.

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