Placeres de invierno: una zambullida termal en Budapest

Las instalaciones termales del Hotel Géllert son un atractivo indispensable tanto para los lugareños como para los visitantes, con una historia única a sus espaldas, además de una arquitectura que no dejará a nadie indiferente.

Hace unos meses tuve la oportunidad de viajar a una de las ciudades más sorprendentes del este de Europa: Budapest. Era temporada de invierno, con lo cual, resultó indispensable disfrutar de uno de sus alicientes principales, los baños termales. Más allá del placer indescriptible que supone sumergirse en aguas a temperaturas realmente altas cuando a tu alrededor el cielo deja caer los primeros copos de nieve de la temporada, los balnearios de la ciudad albergan una larga historia que merece realmente la pena conocer.

Y en cuanto a baños se refiere, los que han visitado la capital húngara seguro que conocen el que aloja el romántico hotel Géllert, un glorioso complejo termolúdico que abrió sus puertas en 1918, año que marcó el final de la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Austro-Húngaro.

Sus instalaciones de estilo Art Nouveau, repletas de preciosas esculturas y mosaicos que te hacen girar la vista cuando paseas por ellas, seducen desde hace décadas tanto a los lugareños como a los visitantes por igual. La oferta en torno al agua que ofrece este lugar único en el viejo continente no deja a nadie indiferente: piscinas con aguas efervescentes, baños de barro, baños térmicos y salas de tratamiento para las dolencias de todo tipo. En los años 20 años, cuando centenares de bañistas se abarrotaban cada fin de semana en su piscina al aire libre para darse un buen chapuzón revitalizante, el futuro del spa parecía tan brillante como sus aguas.

Sin embargo, las bombas de la Segunda Guerra Mundial y un telón de acero descendente se hicieron sentir en el icono terapéutico de Budapest. Por suerte para todos los amantes de los entretenimientos acuáticos, después de décadas de declive, una renovación a gran escala en 2008 restauró el Gellért dejando tras de si un brillo imperial.

Soy testigo de ello, ya que durante mi visita a sus instalaciones quedé maravillado de la majestuosidad arquitectónica del lugar, además de la variada y amplia oferta de servicios que ofrecía este centro termal. Más grata fue aún la sorpresa al constatar que su entrada es una de las más económicas de la ciudad. Aunque sin duda lo que más atraerá la atención de los visitantes que se aventuren en sus aguas es la enorme piscina al aire libre, sobre todo si se visita en temporadas frías. Vale la pena, pero, llevarse un albornoz de casa si no queremos morir congelados al acabar nuestro momento de relax sumergidos y dar el paseo de vuelta a los vestuarios.

Vamos a repasar pues algunos datos curiosos, a la vez que memorables, de un siglo de remojos al estilo húngaro:

  • El baño del hotel contiguo Gellért es una hospedería de cuatro estrellas conocida como la «Primera Dama del Turismo de Hungría.» Y no es broma.
  • Hay una razón por la que los locales llaman a Budapest la «ciudad de los balnearios.» Y es que la capital, que se extiende por el Danubio, está construida sobre más de 100 manantiales naturales que alimentan sus muchas casas de baño. En conjunto, Hungría cuenta con unos 1.500 manantiales termales, 450 baños, y el lago termal más grande de Europa, el Lago Hévíz.
  • La primera estructura que habitó el lugar donde el complejo Gellért fue construido se remonta al siglo XIII, era un hospital construido por del rey húngaro Andrés II para hacer uso de las aguas curativas debajo de la superficie de la Tierra. Más tarde, los invasores turcos construyeron baños en Budapest en el siglo XVI.
  • Los azulejos propios del Gellért fueron hechos por la fábrica de porcelana Zsolnay. Actualmente la compañía vende su cerámica a la archiconocida IKEA.
  • Una de las piscinas al aire libre cuenta con una máquina de olas de la era del jazz, la primera de su clase en el mundo. Fue instalada en 1927, y todavía está cumpliendo sus funciones a pleno rendimiento.
  • Las piscinas termales del Gellért estaban hace años segregadas por sexos. Los bañistas nadaban desnudos o llevaban un kötény, un modesto delantal. En 2013, la dirección del centro permitió que los hombres y las mujeres se bañaran juntos. Ahora se requiere, explícitamente, «trajes de baño que cubran los elementos esenciales de género más importantes».
  • Los tratamientos de baño que se ofrecen en el complejo incluyen una cámara de sal única donde los clientes inhalan aire con olor a sal para aliviar el asma y otros problemas respiratorios.
  • Un baño de belleza húngara que quizás a muchos no les gustaría conocer es el Elizabeth Bathory, la que quizás sea la asesina en serie más prolífica de todos los tiempos. Se rumorea que se sumergía en la sangre de muchachas jóvenes que ella misma había asesinado. Por sus crímenes, fue confinada en un castillo cerca de la actual Eslovaquia en 1611, donde murió tres años más tarde a la edad de 54.

Foto: Roberto Ventre

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