Madeira, un pequeño tesoro del Atlántico

Los jardines de la casa presidencial de Funchal es una muestra más de su extraordinaria vegetación

Hace tiempo me hablaron de Madeira como una pequeña joya del Atlántico que debía apuntar como lugar de obligada visita. Pero para qué negarlo, me parece que una isla de tan sólo 58 km de largo y 23 km de ancho sería demasiado pequeña para permanecer en ella demasiado tiempo, por muy increíbles que sean sus playas. Así que estuve buscando la forma de poder saborear su increíble entorno natural pero sin llegar a aburrirme por no encontrar demasiados puntos de interés. La solución a esta ecuación me la dio Costa Concordia.

Y es que gracias a un crucero que organiza esta empresa podría visitar por unas horas Madeira y tantear si merece la pena o no una mayor estancia en otra ocasión. Pero claro, al tratarse de un crucero se viajará a otros lugares, algunos de ellos tan fascinante como esta isla portuguesa. Así, se inicia en Barcelona y se pasará un día en la ciudad de Marruecos, Casablanca, otro día se disfrutará de las playas de Tenerife, después será Madeira y se finalizará el trayecto en Málaga. No está nada mal para sólo 8 días, ¿verdad?

Una de las grandes atracciones por las que cruzar el Atlántico hasta Madeira son los bosques de laurisilva que pueblan la superficie vegetal de la isla están declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1999. La laurisilva es una formación de tipo subtropical predominantemente arbórea, cuya gran masa de hojas favorece la condensación de las nieblas produciéndose una lluvia local al pie de cada árbol que se conoce como precipitación horizontal. En otras palabras, cada árbol cuenta con su propia lluvia particular.

Además de las paradisíacas playas y su extensa vegetación, que le otorga durante todo el año un aspecto verde o de eterna primavera, Madeira y más concretamente su capital, Funchal, ofrece al turista. Y es que se trata de la primera ciudad fundada por los portugueses en el Atlántico fuera de la propia Portugal continental y paseando por sus calles se puede constatar su historia.

La vieja ciudad creció alrededor del núcleo histórico de Santa María, donde se alzan las fortalezas de Sao Tiago y el Corpo Santo. Destaca también la Sé (Catedral), un edificio del siglo XV; el Convento de Santa Clara, donde yacen los restos del descubridor de la isla; el Palacio de San Loureço, del siglo XVII; la bodega-museo de San Francisco o su impresionante Jardín Botánico, cita ineludible para los amantes de la botánica.

Fotografía: uggboy

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