La historia de Leningrado a través de sus museos

El museo más conocido de San Petesburgo es el Ermitage, pero la antigua capital del Imperio Ruso tiene muchos más museos, como los que explican su pasado más reciente, durante la URSS.

Oficina de Lenin en el Museo de Historia Política.

Uno de los resgos más característicos de Rusia es su duro clima, con largos y fríos inviernos. Si estamos en la ciudad de San Petesburgo, conocida como Leningrado hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991 y antes como Petrogrado, una de las mejores opciones para escaparnos del frío es visitar sus museos. Entre todos los nombres destaca uno, el Ermitage (Plaza del Palacio, 5). A lo largo de los siglos, los zares fueron acumulando obras de arte en él hasta llegar a completar una de las pinacotecas más grandes del mundo, con cuadros de los mejores pintores de la historia. Pero a parte del Ermitage, la antigua capital del Imperio Ruso nos ofrece un sinfín de museos de todo tipo, como por ejemplo los museos relacionados con la historia más reciente de esta urbe.

Uno de ellos es el Museo de Historia Política, en la Isla Petrogradsky. Cuando lleguemos a este museo, puede que el edificio nos resulte familiar, ya que desde su balcón Lenin lanzaba sus discursos sobre la población de San Petesburgo. El museo, que fue el cuartel general de los bolcheviques, tiene la mejor colección soviética de la ciudad. Destaca sobre las demás la sala que recuerda a Lenin y el despacho desde el que siguió las revoluciones de Febrero y Octubre. Junto a él, en el Museo de la Historia de la Policía Política, las oficinas centrales de la policía zarista y de la bolchevique son ahora un museo dedicado a la policía de los zares, a la Checa y al KGB.

Otro museo que dejará satisfechos a los fanáticos de la II Guerra Mundial es el Museo de la Defensa y el Bloqueo de Leningrado (Solyanoy pereulok, 9). Reabierto en 1989 -en 1947 Stalin lo cerró y destruyó parte de su contenido-, ayuda a crearnos una imagen sobre qué representó el sitio de la ciudad con donaciones de los propios supervivientes, fotos o carteles propagandísticos de la época. Eso si, para enterarnos bien tenemos que reservar antes una visita en inglés. Para conocer como vivían las élites soviéticas, lo mejor es pasarse por el Museo Kirov (Kamennoostrovsky pr 26/28), la antigua casa de uno de los dirigentes soviéticos.

Uno de los museos más ‘excéntricos’ es el Submarino D-2 ‘La Voluntad del Pueblo’, varado en Shkipersky protok 10. Es uno de los primeros submarinos que construyó la Unión Soviética, y entre 1931 y 1956 acabó con cinco barcos alemanes. Las visitas explican cómo era la vida a bordo, aunque con el inconveniente de que son en ruso. Los niños también disfrutarán en el Museo de la Artillería (Parque Alexandrovski, 7) donde podrán subirse a tanques y camiones o hacer ver que disparan un cañón. En este museo, además del tanque con el que Lenin se paseó por la ciudad tras la II Guerra Mundial, hay un recorrido por la historia militar de Rusia.

Foto: Por ~si

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