Granada siempre merece una visita

Granada tiene la ventaja de tener una lugar privilegiado: con playa y montañas nevadas, separados por unos pocos kilómetros. Pero si por algo destaca la ciudad es por la Alhambra y el Albaicín, que son dos tesoros de la ocupación islámica de la ciudad

Si el boca a boca funciona para muchas materias, en el tema de los viajes es casi una ley inquebrantable. Si varias personas te recomiendan un destino, empieza a plantearte la posibilidad de visitarlo. Sobre todo, si son personas que podríamos definir que pertenecen a diferentes grupos demográficos. En este caso, os recomiendo que miréis hoteles en Granada porque es un destino que no os va a decepcionar.

Uno de los innumerables patios hermosos de la Alhambra

Su situación geográfica, su importancia histórica y cultural y su capacidad de acoger los diferentes matices eclécticos que ha dado fruta a su idiosincrasia, convierten a Granada en un destino perfecto para todas las edades. Para empezar, su maravillosa naturaleza, que se ha mostrado muy generosa con la provincia granadina. En pocos kilómetros podemos encontrar playa y montaña, sol y nieve, altura y planicie. Es decir, todas las posibilidades de turismo activo aquí quedarán colmadas.

Pero tengo muy claro que la primera imagen mental que nos aparece si pensamos en Granada es la Alhambra. Y aunque conozcamos sus excelencias no podemos dejar de remarcarla, una y otra vez. Porque su fama está tan justificada que cualquier turista que la visite, saldrá enamorado del conjunto de esta obra maestra de la arquitectura islámica. Situada sobre el cerro La Sabika o la Colina Roja (por el color característica de su tierra), se ubicó en el mismo lugar dónde estaba situado una antigua fortaleza. El primer rey de la dinastía nazarí, Alhamar, empezó a construirla en el año 1239. Sin querer detallar más sobre sus excelencias, sí me gustaría remarcar que pasear por sus amplias instancias es una delicia para todos los sentidos. Sus jardines, sus fuentes, sus detalles nazaríes, todo nos crea la sensación de estar en un pequeño agujero en el tiempo y viajamos atrás hasta la Edad Media y no nos cuesta imaginar a los grandes reyes islámicos disfrutando del color, olor y sonido de sus deliciosos jardines.

Cerca de la Alhambra se sitúa mi lugar favorito de Granada, el barrio del Albaicín. Sus empinadas cuestas de suelo de piedra y calles laberínticas formadas por casas blancas y bajas, le otorga a esta parte de la ciudad de un lugar privilegiado para los turistas que quieran conocer cómo vivían los musulmanes de la época. Hoy en día, también forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco. Destaca especialmente sus necesarias plazas que permiten descansar al extenuado turista y sus restaurantes y bares cuyas terrazas ofrecen las mejores puestas de sol, con la Alhambra de personaje principal, que mis ojos han visto.

Fotografía: hombre invisible

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