12 horas en Seúl, una experiencia dispar y extraña a partes iguales

Nos pasamos unas horas en Corea del Sur y nos encontramos con una ciudad de contrastes que nos deja, en general, con ganas de más.

Calles de Seúl

Seúl es una ciudad de contrastes. A menos de tres horas de Japón resulta chocante las grandes diferencias que existen entre los dos países asiáticos. Hace unos días tuvimos la ocasión de tener la suerte de pasar unas horas en Corea, doce a grandes rasgos por decirlo de alguna manera. La experiencia fue particularmente extraña y soy consciente de que esta crónica es tan poco objetiva que debe ser tratada con delicadeza. Es decir, que nadie se haga una u otra idea de Corea del Sur debido a esta crónica, porque no es recomendable. Pero sí que tenía gusanillo de compartir lo acontecido.

Corea del Sur es contraste, en especial Seúl. En el camino del aeropuerto a la ciudad nos encontramos un paisaje por el cual va transcurriendo la combinación entre zonas muy pobres y zonas más establecidas y desarrolladas. Al llegar a la estación (hablamos de la zona de Yeongdeungpo), nos encontramos un escenario más propio de nuestro país que de Japón (y os hago esta comparación reiterada por cercanía y porque es el terreno en el que me manejo como pez en el agua).

Realmente, hay muchas cosas que me recuerdan a Madrid, unas mejores y otras peores. Las amplias carreteras me producen un dejavú con cierta nostalgia. La forma en la que la gente actúa en la calle, más liberada que los japoneses, también me recuerda a mi patria. Ver a una pasajera haciéndose cariñitos es absolutamente impensable en Japón, pero en Corea no fueron pocas las ocasiones en las que lo pude ver.

En busca del hotel en la misma zona de Yeongdeungpo entro en un 7 Eleven y descubro que tiene poco que ver con los combinis de Japón, donde reina el orden, la limpieza y la educación. Y en realidad lo que aprecio es algo distinto: se trata de una de las típicas tiendas de barrio gestionada por ciudadanos chinos que tenemos en nuestro país, pero en Corea del Sur. Y no son chinos, son coreanos, pero eso es prácticamente algo que no viene a cuento. Lo importante es que os imaginéis el estilo de la tienda, el entorno, el rancio de los pasillos y el aglutinamiento de los productos. Ciertamente, los propietarios de la tienda rebosaban amabilidad, lo que es de agradecer. Pero no, eso no es un 7 Eleven tal y como se lo conoce en Japón.

Corea del Sur

Caminar por las calles de Seúl es no tener problemas para tirar basura, porque hay papeleras. De manera paradójica, ocurre lo mismo que en España, los suelos están muy sucios. En Japón ya sabéis que no hay papeleras de ningún tipo (salvo los espacios para tirar las botellas o latas en las propias máquinas expendedoras), pero todo está muy limpio porque nadie tira nada al suelo. Al margen de la avenida principal, en la cual todo está un poco más limpio, una vez te metes en las callecitas coreanas, que tienen mucho paralelismo con las de las calles japonesas, la cosa cambia. Es como si fuéramos a un Shinjuku decadente, zonas en las que parece que el país se ha quedado anclado en la era de la posguerra, con bares de alterne rancios, salas de máquinas donde gastar dinero y puestos en la calle donde venden comida de la que no nos fiamos en absoluto (no estamos hablando del centro de Seúl, donde obviamente las cosas son distintas).

El olor a rancio de las calles de Yeongdeungpo se combina con el aroma a peligro. En lo primero en lo que puedes pensar es en esas series de televisión donde en este tipo de lugares siempre pasa algo. No es bonito. Se crea una dinámica extraña entre esa sensación de abandono y suciedad con la de estar escuchando canciones de kpop que proceden de los bares y centros de diversión (que no sabemos cómo denominarlos mejor desde la ignorancia). Llegamos al hotel, entramos y preguntamos si se trata del lugar que buscamos. ¿El motivo? El hotel tiene dos nombres y solo uno de ellos está integrado en Google. Extraño, todo demasiado raro. En la habitación del hotel ventanas correderas que si movemos para ver el exterior comienzan a crujir, como si los cristales se fueran a desplomar. Suciedad, polvo, higiene cero en esa parte de la habitación. En el resto de la habitación, todo aceptable.

La extrañez continúa al encontrar una torre de ordenador y un teclado que no funcionan, posiblemente como parte de una propuesta pasada de ocio, gaming o quién sabe qué. En una de las paredes donde están las ventanas el mensaje en inglés “Descending Life Line”, con un accesorio que suponemos es una tirolina o algo parecido para que saltemos por la ventana cuando la cosa se ponga complicada y tengamos que actuar a lo John McClane. Por supuesto, no la probamos.

Seúl

Fuera del hotel ponemos rumbo a hacer un poco de shopping. Porque si estás unas horas en Seúl lo que se recomienda es comprar. La gente es consumista y sus tiendas son parte de la experiencia turística de la capital. Tomamos un taxi con facilidad y el conductor, muy amable pero con unos modales extraños (limarse las uñas mientras conduce), nos lleva a la estación de Myeong-dong, donde comienza nuestro periplo de compras. Hay que decir que los taxis en Corea del Sur son muy baratos y realmente si viajamos varias personas no hay ningún motivo para movernos con metro si queremos ir cómodamente.

Comenzamos metiéndonos en el centro comercial subterráneo de la estación de Myeong-dong, en el cual nos han recomendado tiendas relacionadas con el kpop. La música coreana es famosa en el mundo entero y la lógica dice que si viajas a Corea del Sur tienes que encontrar productos a montones de la mejor calidad y con los acabados y precios más recomendables. El impacto es decepcionante, dado que todas las tiendas situadas en este centro comercial, que es similar a las galerías de tiendas que todavía perduran en algunas ciudades españolas (aunque cada vez más en decadencia), ofrecen productos piratas. ¿Cómo puede entenderse que en el país originario de un producto lo que se venda principalmente sean copias que no pagan derechos y cuyos niveles de calidad están muy por debajo de la media? Esa es una pregunta con miga.

Ni a los propietarios de las licencias les sale rentable atacar a estos negocios, ni a los propietarios de estos negocios les sale rentable intentar vender productos originales. Hay unos pocos lugares a los que los auténticos fans del kpop saben que tienen que ir cuando quieren calidad en los acabados. Para todo lo demás, para quienes no sean tiquismiquis, quedan estas tiendas en las que la piratería abunda. Pero si queremos pagar mucho menos, dado que en la mayoría de comercios se opta por no poner precios y pedir al cliente el coste que más les apetezca en cada momento, podemos optar por tiendas online que son más económicas. Salir de la estación y de esas tiendas de las que os hablamos es posible a través de un montón de salidas, pareciendo más un túnel de hormigas que un centro comercial. Algunas de ellas nos llevan directamente a la tienda Lotte, que viene a ser un El Corte Inglés tan parecido a este que hay algunos momentos en los que nos da la sensación de estar en España. Ahí se reúnen las principales marcas de moda del mundo con todo tipo de productos, por supuesto originales y con unos costes elevados en muchos de los casos. Pero son los precios que se pueden esperar, ni más ni menos.

Seul_02

En esa misma tienda, que cuenta con un área dedicada a tiendas infantiles, se encuentra un comercio especializado en kpop que no dispone de gran catálogo, pero al menos es original. Se atisba luz al final del túnel y es de agradecer. Al salir de Lotte nos vamos a la calle principal de Myeong-dong, un área muy concurrida en la noche con toneladas de puestos de street food donde se venden todo tipo de platos. Hay rarezas, no os vamos a engañar, y algunas propuestas deliciosas por mucho que nos choquen al principio. Recomendamos no ser muy tiquismiquis en general con el aspecto de la comida o con el olor general de la zona. Esto es street food, es lo que hay. Y al mismo tiempo recomendamos disfrutar de estos puestos, dado que representan el elemento fuerte de nuestro paso por la capital surcoreana.

Los puestos de comida se ven rodeados de tiendas. Tiendas de todo tipo de estilos que nos permiten comprar cualquier cosa en la que podamos imaginar. De nuevo hay comercios que juegan con las falsificaciones, pero de manera curiosa están combinadas y mezcladas entre comercios de primera categoría incluso de grandes marcas mundiales. Por ello merece la pena darle una oportunidad a la zona. Si se nos ha hecho tarde por la noche, como fue nuestro caso, lo mejor residía en recurrir de nuevo al taxi. Pero para nuestra desgracia, la impresión en este caso fue muy distinta a la de unas horas antes. En una parada de taxis los modales de quienes estaban esperando no eran precisamente los mejores. Mientras tres personas esperaban en la cola de la parada, algunos más listos se adelantaban un poco a la parada para parar los taxis antes de que llegaran al punto de stop. Los taxistas, en vez de ignorar a estas personas e ir a la parada, las recogían y se las llevaban, algo que nunca hemos visto que ocurra en España. Saliendo de la parada del taxi la misión de parar uno a esas horas de la noche es cuanto menos complicada. En nuestro caso sufrimos discriminación en varias ocasiones por no ser coreanos y en otras ocasiones se quitaron el marrón de encima diciéndonos que llamáramos por teléfono para pedir el taxi y no intentáramos pararlo por la calle.

Los modales de algunas personas son lo que nos ha chocado en parte. Quizá solo ha sido mala suerte. Como os digo, esta crónica no tiene que ser tomada en cuenta como una valoración real de Seúl a la vista del poco tiempo que estuve por allí y de lo rápido que fue todo. A esta falta de modales también se sumó el trato recibido en una tienda del subterráneo de la estación de Myeong-dong, donde el dependiente no tuvo reparos en eructar directamente delante de mi con el mayor ruido que se pueda imaginar y sin ninguna forma de taparse la boca o disculparse. Se podía ver que disfrutaba haciéndolo.

Seul_07

También hay que decir que los taxistas, aunque muy amables y eso es algo de agradecer, se pierden muchísimo cuando tienen que leer nombres de calles que no están escritos con letras coreanas (hangul), lo cual resulta un poco inexplicable. En cualquier caso, no se habla mucho inglés y la comunicación resulta complicada. La buena noticia es que hay taxis que operan en inglés, pero otra cosa es localizarlos cuando los necesitas. En nuestra vuelta a casa, teniendo que parar en la cercanía de Yeongdeungpo, pero ni mucho menos en el hotel, tuvimos la ocasión de ver ratas corriendo por la calle en varios momentos. No sorprende a nadie a la vista de la enorme cantidad de suciedad y basura que hay apelotonada en las calles, del olor y del ambiente en general que se respira. En general no creemos que pueda ser muy sano residir en este tipo de lugar durante un periodo de tiempo continuado.

A la mañana siguiente, aún con el entorno bañado en la noche por lo pronto que era, de nuevo tuvimos la ocasión de cruzarnos con varias ratas que indudablemente parecen más asustadas de nosotros que nosotros de ellas. Pero si caminas tranquilamente y de repente escuchas un gran ruido a tu lado moviendo unas bolsas de basura, papeles o cualquier cosa, sabes que se trata de una rata que está buscando alimento. En contraposición a esto, no vimos gatos en las calles. Quizá en esta ocasión sean las ratas las que han ganado la batalla.

Repito de nuevo que esta es solo una crónica, una curiosidad y un primer contacto con Corea del Sur que no debe ser tenido a cuenta para formarse un tipo de opinión sobre Seúl. El gran contraste entre la zona del centro con la del barrio donde teníamos el alojamiento (que era tan barato que ya hacía sospechar), demuestra que es una ciudad de contrastes. Y aunque por ejemplo Madrid no llega a tener zonas tan sucias o abandonadas como esa, es cierto que sí tiene algunas partes que están más sucias o parecen más viejas. Para terminar mencionar dos detalles más sobre la ciudad, en especial de la zona de Yeongdeungpo. Lo primero es que el abandono del barrio se ve claramente en sus tiendas y locales, con la persiana bajada y una decoración más propia de tres décadas atrás. Como si los propios ciudadanos hubieran tirado la toalla al comenzar a vivir en zonas más nuevas o incluso en el centro. Lo segundo, que hay mucho top manta y mucha venta ambulante en las calles de todo tipo de productos en los que podamos imaginar, tanto comida como accesorios o distintos artículos de uso diario. Pero en cualquier caso: habrá una segunda vez en Corea del Sur con más tiempo y calma, y a ser posible en un hotel que no se encuentre en Yeongdeungpo.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...