Preocupación por la exposición a radiación en el Gran Cañón

Recientemente se ha descubierto que los visitantes del museo del Gran Cañón se han expuesto a niveles peligrosos de radiación.

Gran Cañón

Cada vez que oímos términos como “radiación” vinculados a un destino turístico nos preocupamos sobremanera. No es del gusto de nadie descubrir que un sitio que hemos visitado resulta que ha estado exponiendo a sus visitantes a niveles de radiación, ya sean mayores o menores. Y esto es lo que ha ocurrido con un lugar tan relevante como el Museo del Gran Cañón y lo peor de todo es que lleva ocurriendo desde nada más y nada menos que el año 2000. Es decir, no es algo que haya pasado desde hace un par de días y cuyo nivel de exposición a los visitantes se pueda contabilizar en algunos miles, sino que va más allá por afectar a millones de personas.

¿Pero cómo puede haber ocurrido algo así y qué es lo que necesitamos saber exactamente acerca de la radiación? Por lo que leemos, la radiación procede de tres cubos de pintura que estaban en la colección del museo que está disponible dentro del conocido parque nacional, en Arizona. La exposición se ha llevado a cabo sin que se haya conocido la existencia de la radiación y afectando no solo a los visitantes y turistas, sino también a cualquier otro tipo de persona que hubiera por la zona. Eso significa que los empleados del museo han estado mucho más expuestos a la radiación.

Se dice que estos botes de pintura estaban llenos de mineral de uranio, originariamente almacenado en el sótano de las oficinas del parque. Posteriormente se trasladaron al edificio de la colección y ahora es cuando se ha descubierto que uno de los botes estaba tan lleno que no se podía cerrar, por lo que el líquido sobresalía.

El descubrimiento sobre lo que estaba ocurriendo tuvo lugar en el pasado año 2018, momento en el cual se procedió a eliminar todo aquello que fuera radiactivo. Pero el comité del museo no avisó ni al público ni a los trabajadores, así que el encargado de seguridad del parque tomó la iniciativa de avisar con un correo electrónico a todos los empleados sobre lo que había pasado. Les dijo que quienes trabajaran en el edificio de las colecciones del museo entre 2000 y el 18 de junio de 2018 se vieron expuestos a esta radiación, la cual supera los límites de seguridad de la comisión reguladora. A partir de ahí él mismo comenzó a mover hilos para encontrar a todas las personas del equipo que se vieran expuestas y determinar los riesgos que implicaba el contacto.

También se habló en ese momento de cómo era necesario informar al público, pero el comité rechazó las propuestas para hacerlo a la vista de la preocupación que tenían sobre las consecuencias. Al final la información ha visto la luz y ha causado un gran revuelo debido a que no solo ha expuesto a visitantes adultos, sino también a niños. En especial se comenta que los cubos de pintura estaban situados en una zona donde los niños se detienen a lo largo de unos 30 minutos durante las visitas, lo que acaba siendo un gran riesgo para su seguridad. Ahora ya no hay riesgo, ¿pero cómo volver a confiar en la gestión del parque y de su museo?

Foto: Filio

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