El ‘champing’, la moda de acampar en iglesias en desuso

Si te gusta acampar en lugares extraños, prueba el champing y duerme en una iglesia abandonada.

iglesia¿Quién dijo glamping? En la industria turística, las modas se instalan con la misma rapidez con la que, unos meses más tarde, son sustituidas por otras prácticas. Si hace unos meses todos comíamos cronuts mientras dormíamos bajo las estrellas entre lujo y lo llamábamos glamping, parece que para los próximos meses se avecina una nueva moda, el champing. Aunque, eso sí, debemos reconocer que esta vez la propuesta es bastante original: la experiencia consiste en acampar en iglesias abandonadas.

El champing (el nombre está formado por las palabras churck, ‘iglesia’, y camping, ‘acampada’) es una propuesta nacida en el seno de la Churches Conservation Trust (CCT), una organización británica que se dedica a conservar y a rehabilitar iglesias que tienen valor histórico o arquitectónico. Para recaudar fondos, la organización lanzó hace unos días la campaña de champing, que invita a acampar en algunas de las 300 propiedades. La primera iglesia que albergará esta curiosa práctica es la All Saints’ Church, en Aldwincle, en Northamptonshire.

¿Imaginas dormir entre las gruesas paredes de piedra de un edificio lleno de silencio? Mientras la luz de la luna se filtra a través de las cristaleras, tú te preparas para pasar una noche de lo más especial. No todos los días se tiene ocasión de dormir en un lugar tan cargado de historia, algo que seguro que, para muchos, constituye motivo de intrigas y misterio. ¿Cómo funciona el champing? En el suelo de la nave se instalan colchones hinchables con una buena provisión de mantas para combatir el frío que suele reinar en la mayoría de iglesias. También hay mesas, sillas y tetera, y la cena en un bed and breakfast cercano está incluida. Las iglesias que participarán en el programa están en desuso o abandonadas, y mediante la recaudación de los huéspedes se pretende conservarlas y realizar las obras de mejora que sean necesarias. Por la noche, a la luz de las velas, un historiador cuenta a los huéspedes historias sobre el lugar. La experiencia cuesta unas 99 libras por persona.

Foto: Denis Jarvis

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