CASA MUSEO DE ERNEST HEMINGWAY, UN VIAJE LITERARIO INOLVIDABLE

¿Te has preguntado alguna vez cuántas formas de viajar existen? Se puede viajar en tren, avión o barco; recorriendo rutas a pie, disfrutando de la naturaleza, descubriendo rincones con el encanto de otras épocas; deleitándonos con la gastronomía, el arte o la historia presente en cada destino. Viajar es un acto tan sublime que no entiende de límites espaciales ni tan siquiera temporales.

Nuestro viaje de hoy es de los dos tipos: espacial porque llegaremos hasta la localidad de San Francisco de Paula, a 25 kilómetros de La Habana y temporal porque nos desplazaremos a otra época y a otras vidas colándonos en la que fue durante 20 años la casa de un genio: Ernest Hemingway. Tras tres años de intenso trabajo, la casa del artista, convertida en museo en 1961 puede ser por fin visitada, aunque no en su totalidad. El lugar quedará definitivamente restaurado en 2008.

Visitar la casa de Hemingway es como colarnos de improvisto en una de sus novelas. Más de 4 hectáreas de terreno repletas de rincones que susurran al visitante mágicas historias o genuinas anécdotas. Para empezar, el nombre de la finca, la Vigía, ya tiene su propia historia. Se denomina así porque sirvió de puesto de vigilancia del gobierno español durante la guerra de independencia cubana. Era un lugar perfecto ya que se ubica en una colina. En este sitio, más que en ninguno, las paredes hablan por si solas y el misterio está presente en cada zona: la casa, la torre, el exterior, el bungalow, etc.

El escritor García Márquez dijo del lugar que “a veces se tiene la impresión de sentir al escritor deambulando por los cuartos, con sus grandes zapatos de muerto”. La afirmación de García Márquez es algo de lo que no se duda visitando las salas del interior. La biblioteca, el baño, el cuarto de huéspedes, el salón o la habitación de Mery Welsh, esposa del escritor, cuentan con tantos detalles personales que parece que en cualquier momento vamos a visionar a Heminway, contemplando el paisaje desde alguno de los ventanales.

En el museo se conservan tesoros de incalculable valor como una colección de más de mil libros de la literatura universal, muebles, pinturas, fotos e incluso una curiosa recopilación de más de 900 discos. El tocadiscos, indemne al paso del tiempo, continúa funcionando como si quisiera hacer eterno al artista en alguna de sus canciones.

El exterior tampoco tiene desperdicio. La frondosa vegetación, unida a la vista de La Habana desde la torre, a la piscina y al yate “Pilar”, en el que solía pescar Hemingway, aumenta aún más el interés del lugar. El bungalow en que los hijos del escritor se instalaban cuando venían a ver a su padre, completa los puntos de visita del museo.

Cualquier viajero podrá disfrutar y sentir las buenas vibraciones de esta casa pero, sin duda, para aquellos que se han emocionado con la lectura de obras tan inolvidables como, El Viejo y el Mar, El Jardín del Edén, París era una fiesta o Islas en la corriente, este viaje será inolvidable. Algo así como ver con sus propios ojos lo que antes han leído porque muchos de los rincones e incluso de los habitantes que vivieron en esta casa se han convertido en protagonistas de las obras del escritor.

La Vigía fue, sin duda, uno de los mayores tesoros del artista que, tan sólo un año después de abandonarla, se suicidó. Seguro que al salir de la finca, volveremos la cabeza para despedir con la imaginación al genio, que tantas horas de increíble lectura nos proporcionó. Y así cerraremos la última página de un viaje inolvidable, cargado, como ocurre en las mejores novelas, de magia y misterio.

Página oficial de la casa museo Heminway

Foto:Hibino

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